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¡AUTONOMÍA
PROFESIONAL YA! |
Noticias recientes tratan sobre medicamentos y ética médica, cuestionando
la prescripción porque los que formulan los médicos en los consultorios de
las EPS son inocuos y en los de práctica privada los recetan según las
prebendas que obtengan de la industria farmacéutica, lo cual es
parcialmente cierto. Problema mundial, producto g de prácticas comerciales
corruptas, donde hay quien propone y quien dispone. Se agudizó en Colombia
con la ley 100 de 1993, que introdujo la práctica médica al mercado del
aseguramiento (que es principalmente privado puesto que el público fue
liquidado y privatizado casi en su totalidad) y reforzó convenientemente
la errónea identificación conceptual entre medicina y salud.
Para garantizar el
lucro del negocio privado del aseguramiento, entre otras, se coartó la
autonomía de la práctica médica en el tiempo de consulta y limitando la
solicitud de exámenes, so pena de sanciones que van desde llamadas de
atención hasta no renovación del contrato laboral. El sistema general de
seguridad social en salud creó un listado de medicamentos con denominación
genérica y exclusión de marcas comerciales; los fabricantes afinaron
prácticas de mercadeo para inducir al médico a formular sus productos y
acentuaron la guerra de marcas, donde es común la diatriba en contra del
fabricante competidor.
Teniendo la Ley de Etica Médica, que sanciona las faltas a la ética, cuyo
texto fue redactado y propuesto al Senado por la Federación Médica
Colombiana, las denuncias sobre este problema deben ser llevadas ante los
Tribunales de Etica Médica, con nombres propios para castigar a los
responsables. La industria farmacéutica también tiene un código de ética
para regular su relación con los médicos, pero este no es una ley y el
Estado no castiga el espionaje hecho por productores de medicamentos, que
viola el secreto profesional (Ley 23/81) y el derecho fundamental a la
privacidad (art. 15 de la Constitución Política) cuando compran a
farmacias y droguerías el contenido de las fórmulas para saber qué
prescriben los médicos y establecer a quiénes persuadir en la visita
médica. Su poder económico enfrenta la fortaleza o debilidad del médico
que acepte o no prebendas y formule o no sus medicamentos.
-La prescripción de medicamentos significa cerca del 30% de los costos de
un sistema de salud y por eso la industria farmacéutica creció
rápidamente; según editorial de El Tiempo, mundialmente le generan
ingresos por $750.000'000.000 de dólares anuales. Un buen medicamento se
distingue por su calidad y eficacia, y para el fabricante es mejor si da
más ganancias. Del precio no se habla puesto que, según la Comisión
Nacional de Precios de Medicamentos, de eso se encarga el mercado, por lo
cual hace más de un año suprimió su control basada en un estudio de la
firma ECONOMETRIA, auspiciado por la Cámara Farmacéutica de la ANDI y la
industria farmacéutica agremiada en ASINFAR y AFIDRO. Tras esa decisión,
los datos que arrojan los recobros al FOSYGA son alarmantes por su aumento
desmesurado y, de no controlarlos, el sistema colapsará en pocos años. En
innovación, la farmacopea avanza poco con nuevas moléculas, por lo cual la
competitividad
la determina la capacidad de vender más de lo mismo, y con la protección
de patentes en Colombia, el innovador no tiene problemas de competencia
durante 25 años. Y en el mercado ¿quién es el ordenador de medicamentos?
Pues el médico. Por eso, la industria farmacéutica diseña tácticas, no
siempre éticas, para inducirle preferencias en su formulación.
Estos hechos agreden y ponen en peligro a la profesión médica y a su
ejercicio autónomo, que deben preservarse como bien social. Debemos
hacerlo médicos y pacientes juntos ya.
SERGIO ISAZA VILLA, M. D.
PRESIDENTE
FEDERACIÓN MEDICA COLOMBIANA.
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